Al
entrar por el portón uno se inmerge en el gran jardín
que ha mantenido sus estatuas y macetones de antaño,
y se tiene la sensación de haber entrado en una mansión
de propiedad privada. En el parque secular también
se hallan la piscina, el gimnasio y un típico quiosco
de bebidas, siciliano, que se transforma en un bar en verano.
La acogida profesional y cálida, el encanto de todos
sus rincones, el restaurante La Piña, y la galería
con vista al volcán donde se desayuna rodeados por
la música, lo convierten en un verdadero hotel de
categoría.
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